LA EVALUACION DE LA SIMULACION EN EL CONTEXTO FORENSE

Se entiende por victimación el hecho de haber sido objeto de un delito pero también la amalgama de consecuencias de este acto. Éstas pueden ser de muy diversos tipos: físicas, económicas, sociales o psíquicas. La huella psíquica, al igual que la huella de memoria, puede en una evaluación pericial convertirse en prueba de cargo.

Pero en el contexto forense no es suficiente con diagnosticar un trastorno o trastornos, sino que ha de sospecharse simulación (American Psychiatric Association, 2002).

En el contexto forense, el disimulo, encubrimiento, exageración, el filtrado de información o el falseo de la misma son fenómenos muy frecuentes debidos al  campo de actuación.

En esta área, donde no existe confidencialidad evaluador-evaluado y, en algunas instancias la persona acude “obligada” por su situación, el individuo que ha debido judicializar su conflictiva espera obtener los máximos beneficios o, al menos, los menores perjuicios que puedan derivarse de la evaluación y de su utilización en el contexto judicial.  Esto constituye un gran obstáculo a la hora de poder evaluar correctamente cada caso y es una barrera para la toma de buenas decisiones.

 

La Real Academia Española define simular como “representar algo, fingiendo o imitando lo que no es“.

Teniendo en cuenta el campo de trabajo, la simulación puede deberse a diversas causas tales como:

Patologías: la existencia, por ejemplo, de algún trastorno mental

Criminológicas: como necesidad de evitar consecuencias o responsabilidades jurídicas

Mera adaptación al medio: conseguir unos objetivos en circunstancias adversas.

 

Podríamos subdividir este concepto en algunos subtipos:

Simulación propiamente tal: Simular implica la invención consciente y deliberada de un trastorno mental o físico con el propósito de obtener un beneficio personal

Disimulación: Ocultación de síntomas para obtener un beneficio; su evaluación resulta especialmente compleja, ya que la persona evaluada adopta una actitud defensiva tanto hacia la exploración pericial psicopatológica como a la administración de pruebas complementarias.

Sobresimulación: En ocasiones lo que se simula ya no es la patología en sí, sino su intensidad. Consiste en la exageración de sintomatología preexistente o hacer referencia a la mantención de síntomas que ya han remitido.

Imputación Falsa: La sintomatología es falsamente atribuida a un suceso traumático. La sintomatología si existe pero debido a otro acontecimiento.

 

No es lo mismo simular un daño físico, una lesión cerebral, daño psicológico o un trastorno mental. Por ejemplo, los estudios señalan incidencias de simulación de trastornos mentales en el ámbito forense de entre un 15 a un 17%; en cuanto a lesiones corporales se dan de un 20 a 30%, en traumatismos craneoencefálicos hasta un 40% y pueden aumentar los casos hasta un descabellado 50% en dolor crónico y discapacidad (consultar bibliografía de estas cifras en https://www.criminalfact.com/l/simulacion-engano-y-mentira-en-el-contexto-forense/).

El objetivo principal de las evaluaciones forenses es, por tanto, obtener la mayor cantidad de evidencia disponible entre la discapacidad argumentaba por la persona y las pruebas objetivables de dicha discapacidad, especialmente si existen esos posibles incentivos externos significativos para la persona.

Para este doble objetivo, el diagnóstico clínico y control de la simulación, no es efectiva la evaluación clínica ordinaria. De hecho, la evaluación clínica tradicional nunca ha informado de simulación. Para la medida de la huella psíquica y el control de la simulación se ha propuesto una aproximación multimétodo-multisistema que permite afrontar este diagnóstico diferencial.

El proceso de evaluación de la simulación implica el uso de criterios diagnósticos múltiples en oposición a la utilización de una única prueba, la combinación de pruebas de screening de simulación, junto a pruebas de amplio espectro psicopatológico que cuenten con indicadores de validez y el contraste de información con diversas fuentes. La hipótesis de la simulación cobrará más fuerza en el proceso evaluativo cuando la convergencia de datos procedentes de diferentes fuentes y métodos indique claras inconsistencias con la clínica, curso y evolución del supuesto cuadro clínico.

Al igual que cualquier otra evaluación psicológica, la desarrollada en el contexto forense debe regirse por los mismos principios que cualquier otra actividad científica, es decir, debe ser un proceso estructurado que permita su replicabilidad (transparencia en el proceso de evaluación), requiere de la formulación y contraste de hipótesis e implica un proceso de toma de decisiones para llegar a la solución de un problema evaluativo.

La dificultad en la detección de la simulación estriba en la ausencia de signos específicos e inequívocos de dicha condición. Por tanto, el perito deberá ser cauto a la hora de plasmar su impresión de una posible simulación en el informe pericial, utilizando el diagnóstico de sospecha. Por otro lado, la facilidad para acceder a información clínica por parte de la población general complica esta labor pericial.