PERITAJES PARA TRIBUNALES DE FAMILIA: EL PARIENTE POBRE Y DESPRECIADO DE LA PSICOLOGÍA FORENSE



La evaluación psicológico forense que se realiza para el tribunal de familia se hace con poco cariño. Con poco cariño y con poca conciencia de lo que está en  juego en este espacio y de las eventuales consecuencias de las medidas que se dicten para los niños involucrados y sus familias.

Al igual que un pariente pobre y subestimado, al que se le ayuda con lo que sobra, las evaluaciones periciales carecen muchas veces de rigurosidad, de técnica y de diseño, mendigando metodología y batería de pruebas a otras ramas, (psicología clínica, psicología forense en lo penal) y quedando al arbitrio del talento (juicio y ética) del evaluador que asuma la tarea.

El grueso de la prueba es encomendado a la red pública, sistema colapsado, estructurado con aún menos cariño y competencia por el Servicio Nacional de Menores, cuyos profesionales son seleccionados por su disponibilidad (para trabajar por pocas lucas y responder a una sobrecarga laboral extrema sin quejarse) y no por su idoneidad profesional. Convengamos que recién egresados o cesantes, todos sentimos una enorme vocación y talento por no dejarnos morir de hambre así es que aprenderemos en el camino lo que haya que aprender para conseguir un puesto laboral en la profesión que estudiamos. Esto no es nuevo, pero el SENAME es un ave Fénix, incombustible frente a los reportajes televisivos sesgados y superficiales sobre la realidad de los centros de diagnóstico, donde el hilo se corta por lo más delgado.

El mundo académico y de la investigación avoca sus esfuerzos a la producción de conocimiento y creación de herramientas para la intervención, tarea titánica, pero mira con desdén el área de evaluación, por lo cual vivimos adaptando y acomodando metodología cuyo objetivo es otro. Arrecian las críticas frente y todo es juicio ligero en este tema con escaso aporte para mejorar las condiciones de esta labor que podría hacer la diferencia si el sistema de justicia funcionara más desde el conocimiento y la evidencia que desde el sentido común.

Llamativo es que las causas proteccionales a diferencia de cualquier otra se pueden resolver sin abogado; sin juez incluso, cuando el Consejero Técnico se arroga atribuciones y sale a buscar el arreglo fuera de la sala del tribunal. Más allá de las fundadas razones de eficiencia y la garantía de que ambas partes se encuentren en igualdad de condiciones, es inimaginable pensar en esta figura en otro ámbito de la justicia.

Por otro lado, el estándar probatorio es bajo, ocasionalmente irrelevante, bastando que cualquiera eche a correr un rumor o una sospecha para separar familias, internar niños en el sistema proteccional, suspender el contacto de niños con su padre/madre, etc., amparados en la máxima de: “frente a la duda, protege”.  Es cierto que muchos fenómenos de maltrato son virtualmente imposibles de probar no obstante, la duda debiera estar fundada en hechos más menos objetivables.

No sabemos si esta es una opinión generalizada pero no han sido pocas las veces que hemos escuchado referencias de abogados que miran con desdén dedicarse a justicia de familia, porque no saca a relucir todos sus dotes de litigante o bien porque las materias son consideradas irrelevantes.

En todos los casos, nos parece que es una realidad muy en la línea del interés social y las políticas sobre infancia de nuestro país, que se quedan en la declaración de buenas intenciones hacia niños y niñas. de que hacen cosas, se hacen cosas por los niños y niñas en este país, ahora la calidad, pertinencia y efectividad de ello, ese es otro cuento.

Ps. Lucía Torres

Ps. Verónica Quinteros

La Evaluación de riesgo de conducta violenta en materias de violencia vistas en Tribunales de Familia: Sobre las tecnologías forenses disponibles para ayudar en la gestión del riesgo

Los delitos violentos como cita Andrés-Pueyo (2012) contrario a lo que nuestro imaginario colectivo considera, son más bien infrecuentes y no están al alza (en España solo un 15% del total de delitos, constituyen delitos violentos. Esta tasa disminuye a alrededor de un 10% en jóvenes). Sin embargo son para los operadores jurídicos y sociales, delitos de alta connotación, por el impacto y el daño que generan cuando suceden; homicidios, delitos sexuales, violencia contra la pareja grave y, son entonces, objeto de medidas casi exclusivamente de tipo paliativas o sancionatorias y mínimamente preventivas o restaurativas. Ni que decir respecto de medidas de reinserción de los delincuentes o agresores.

Lo anterior se encuentra fundado en una concepción de la maldad humana como patología, surgiendo el concepto de Peligrosidad  que inicialmente fue entendido como un estado patológico inmutable: «Perversidad constante y activa del delincuente y la cantidad de mal previsto que hay que temer de parte del mismo (temibilidad)»(Garofalo, 1893, citado por Garrido et al., 2006 en Andrés -Pueyo 2012), vigente hasta el día de hoy en nuestra legislación. Se entiende así la idea de peligrosidad como un atributo “crónico”, “irrecuperable” que se asocia más bien a un “perfil de personalidad criminal”, o a la “patología mental severa del delincuente”. Los estudios empíricos que han intentado contrastar estas teorías han fracasado, no logrando recoger evidencia de la existencia de una llamada «personalidad criminal», salvo la formulación de la psicopatía como trastorno de personalidad que se ha acercado un poco más a este concepto, aunque los trastornos de personalidad antisocial y psicopatía son más cercanos al trastorno mental grave que a la personalidad normal.

La conceptualización de la peligrosidad ha ido variando y actualmente se considera más bien un concepto operativo que alude a la probabilidad de reincidencia.

Con el fin de operacionalizar la capacidad predictiva se ha propuesto en lo que va del s. XXI sustituir el concepto de peligrosidad criminal por el de valoración de riesgo violencia, atendido la confusión conceptual que el concepto peligrosidad genera, la impresición operativa de éste, la baja predictibilidad de conducta violenta y la estigmatización negativa del llamado «delincuente peligroso».

Principalmente en su faceta de factor de predicción de la violencia futura, el concepto de peligrosidad se encuentra fuertemente cuestionado por su base en un modelo causal determinista y no probabilístico del comportamiento humano. El comportamiento violento, como cualquier otro, está producido por una combinación compleja, cuasi-aleatoria de factores interactuando entre sí, y por tanto las causas de la conducta violenta no son exclusivamente atribuibles a factores internos del individuo.

Por ello, la práctica profesional  mediante el uso de herramientas estructuradas de evaluación del riesgo de violencia son usadas cada vez con mayor frecuencia y se basa en la idea de que para estimar eficientemente la probabilidad de que una persona se comporte en forma violenta deben tenerse en cuenta diversos elementos de la conducta a predicer, factores de riesgo específicos para cada tipo de conducta violenta (sexual, delitos violentos, violencia contra la pareja, etc.), las tasas de prevalencia, los escenarios de riesgo y el intervalo temporal del pronóstico. Con ello no solo se alcanza la estimación de la probabilidad de violencia en el futuro, sino también se pueden identificar  los focos de la intervención y las medidas preventivas (Arbach-Lucioni, A. y colaboradors, 2015)

En términos gruesos, la predicción del comportamiento violento y su reincidencia más utilizada hasta la fecha supone «diagnosticar»  mediante técnicas propias del juicio clínico aplicado por el técnico, la presencia o ausencia de peligrosidad, quien se arroga la autonomía de seguir lo que su experiencia y preferencia decida en caso caso, siendo su eficacia tan solo levemente superior al azar.

Ahora bien, la valoración del riesgo de violencia supone un cambio desde un concepto de «delincuente peligroso» a un «delincuente de alto riesgo», poniéndose el énfasis en el proceso de toma de decisiones del sujeto que ejerce la conducta violenta y en la que influirán diversos factores protectores y de riesgo, no solo psicológicos, entendiendo así los factores de riesgo con un efecto favorecedor pero nunca totalmente determinantes de la conducta violenta (Muñoz Vicente J. y López Osorio, J., 2016).

Este nuevo concepto supone un cambio en la metodología, desde el juicio clínico al llamado Juicio Profesional Estructurado, el cual se sirve de guías de valoración del riesgo específicas para cada tipo de violencia, las cuales, a diferencias de los tests, no miden constructos psicológicos, sino que precisan de estudios específicos orientados al análisis del suceso, en este caso el episodio violento, de manera retrospectiva y prospectiva (reincidencia).

De manera específica respecto de la violencia contra la pareja, existen numerosas guías de juicio profesional estructurado y técnicas actuariales (SARA, B- SAFER EPV-R, etc.), entendiendo – contrario a lo que se podría pensar – que para valorar el riesgo de violencia no se hace necesario conocer las causas o el porqué, sino solo conocer los factores de riesgo asociados.

Este tipo de violencia comporta ciertas complejidades en la valoración pericial del agresor, pues surge la paradoja de que si bien puede tener un elevado riesgo de reincidir en la conducta violenta hacia su pareja o ex pareja, no necesariamente será un individuo peligroso criminalmente, con historial delictivo generalmente ausente, adaptación social más o menos adecuada,  probablemente sin trastorno mental o toxicomanía asociada, pero de igual modo puede ejercer una conducta violenta de manera crónica, grave y reincidente.

En definitiva, esta metodología nos dice que la probabilidad de que suceda un determinado hecho violento puede ser estimada, siendo el primer paso el poder conocer sus determinantes (factores de riesgo). Proyectar las «decisiones» pasadas hacia el futuro pueden ayudar a valorar el riesgo de que la conducta violenta vuelva a suceder en determinadas condiciones, siendo esta estimación de riesgo relativa o condicional, no en términos de valores absolutos de probabilidad.

La evaluación de la presencia/ausencia y relevancia de los factores de riesgo (y protección), permite decidir niveles del mismo respecto a la producción de conducta violenta, comunicar y gestionar ese riesgo, mejorando así la precisión de las decisiones, guiar las intervenciones que se indiquen, proteger a las víctimas, y gestionar adecuadamente su seguridad. (Andrés-Pueyo, 2019)

«La violencia puede prevenirse. Esto no es una declaración de fe, sino una afirmación basada en la evidencia» (Dahlberg y Krug, 2002)

2° workshop en Viña del Mar «Abordaje de la prueba pericial» 17 Abril 2019

Con éxito concluyó el segundo workshop realizado en Viña del Mar sobre «Abordaje de la prueba pericial en Tribunales de Familia». En la ocasión se contó con la presencia del consejero del Colegio de abogados de Valparaíso Don Enrique Gaete O., quien valoró la instancia de diálogo interdisciplinario propiciado entre el equipo profesional pericial CESP y los abogados invitados en esta segunda edición de este taller intensivo, que buscó aportar elementos generales a los profesionales del ámbito legal para valorar la prueba pericial psicosocial producidas en este ámbito de la justicia.

Primer workshop «Abordaje de la prueba pericial en tribunales de Familia» 28 Marzo

Con la participación entusiasta de nuestros invitados, se desarrolló el primer workshop en Viña del Mar acerca de la prueba pericial utilizada en contexto de justicia de familia, realizado el día 28 de Marzo 2019 en nuestras oficinas.

La instancia permitió generar una discusión importante acerca del rol de los distintos actores jurídicos en la valoración de la prueba pericial como un instrumento de apoyo a la decisión judicial que debe ser realizado de forma rigurosa, científica y por sobretodo ética.

En breve se dictará el mismo taller intensivo para aquellos interesados que no pudieron asistir por limitaciones de cupo, ya que la actividad – con un énfasis en el trabajo práctico y personalizado – se encontraba diseñada para un grupo reducido de participantes y suscitó un gran interés.